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16, 17. a) ¿Por qué debemos felicitar a los demás? b) ¿Qué comentarios elogiosos podemos hacer en la congregación y en el hogar?

16 Elogios sinceros. Jehová y Jesús saben que es muy necesario felicitar a los demás y reconocer sus méritos (Mateo 3:17; 25:19-23; Juan 1:47). Y todos los cristianos tenemos que hacer lo mismo. En efecto, “una palabra a su tiempo […], ¡oh, cuán buena es!” (Proverbios 15:23).  Cuando alguien nos elogia con sinceridad, nos hace sentir bien y nos llena de ánimo. Y es muy natural que nos sintamos así, pues se está interesando por nosotros y por lo que estamos haciendo. Eso nos confirma que ha valido la pena el esfuerzo, fortaleciendo nuestra confianza e impulsándonos a trabajar cada día con más entusiasmo. Pues bien, dado que las alabanzas son algo que a todos nos gusta recibir, ¿no deberíamos preocuparnos también por darlas? (Mateo 7:12.)

17 Si nos acostumbramos a fijarnos en los puntos fuertes de los demás, siempre encontraremos razones para felicitarlos. Por ejemplo, ¿qué pudiéramos ver en la congregación? A un orador dando buenos discursos, a un joven luchando por lograr sus metas espirituales o a un hermano mayor que, pese a sus achaques, nunca falta a las reuniones. Unas sencillas palabras de elogio les llegarán al corazón y los fortalecerán. ¿Y qué puede decirse del hogar? Ambos cónyuges necesitan escuchar sentidas palabras de ánimo y gratitud (Proverbios 31:10, 28). Y a los hijos también les hace falta que los tengan en cuenta y los aprecien. Para ellos, el reconocimiento y la aprobación son tan necesarios como el agua y la luz para las plantas. Por eso, los padres deben estar muy pendientes de elogiarlos por sus buenas cualidades y acciones. Así les elevarán la autoestima y la confianza, y los moverán a esforzarse aún más por hacer lo que deben.

18, 19. ¿Por qué debemos hacer todo lo posible por consolar y animar a nuestros hermanos, y cómo podemos hacerlo?

18 Consuelo y ánimo. Jehová se interesa profundamente por los de “condición humilde” y por “los […] aplastados” (Isaías 57:15). En la Biblia nos dirige esta exhortación: “Sigan consolándose unos a otros y […] hablen confortadoramente a las almas abatidas” (1 Tesalonicenses 5:11, 14).  Podemos estar seguros de que él observa complacido todo lo que hacemos por animar y consolar a los afligidos.

Un anciano cristiano dando consejo edificante a un matrimonio

A Jehová le complace que usemos palabras edificantes

19 ¿Qué podemos hacer por el cristiano desanimado? Primero, dirigirle algunas palabras de aliento. Aunque con eso quizás no arreglemos sus problemas, no debemos preocuparnos. Lo importante es mostrarle que estamos a su lado y que nos interesamos. También podemos orar con él, pidiendo a Jehová que le ayude a ver que es alguien muy querido, tanto por los demás como por Dios (Santiago 5:14, 15). Debemos confirmarle que la congregación lo necesita y aprecia (1 Corintios 12:12-26). Otra buena idea es leerle algún pasaje bíblico que le recuerde cuánto se interesa Jehová por él (Salmo 34:18; Mateo 10:29-31). Si nos tomamos el tiempo necesario para confortarlo con alguna “buena palabra” que salga de nuestro corazón, se sentirá más amado y valorado (Proverbios 12:25).

20, 21. ¿Qué tres factores contribuyen al éxito de los consejos?

20 Buenos consejos. Como todos somos imperfectos, de vez en cuando necesitaremos orientación. Por eso la Biblia nos dice: “Escucha el consejo y acepta la disciplina, a fin de que te hagas sabio en tu futuro” (Proverbios 19:20). En la congregación recibimos sugerencias de los  ancianos. Pero ellos no son los únicos capacitados para hacerlas. Por ejemplo, los padres tienen que asesorar a sus hijos (Efesios 6:4). Y las hermanas espiritualmente maduras pueden hacer lo mismo con las cristianas más jóvenes (Tito 2:3-5). En todo caso, el amor al prójimo dicta que el consejero formule sus comentarios de forma que nadie se sienta atacado. Analicemos ahora tres factores que contribuyen al éxito del consejo: que se dé con la debida actitud y motivación, que tenga bases sólidas y que se ofrezca de la forma adecuada.

21 El primer factor es que el consejo se dé con la debida actitud y motivación. ¿Qué nos ayuda a aceptar con gusto una sugerencia? Sin duda, saber que se ofrece por verdadero interés en nosotros, y no por frustración o por egoísmo. Entonces, actuemos así al dar consejo a los demás. El segundo factor es basarse en la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16). Todo lo que digamos debe estar fundamentado en la Biblia, sea que leamos directamente de ella o no. Los ancianos tienen cuidado de no imponer sus propias opiniones. Tampoco manipulan textos bíblicos para respaldar sus ideas. El tercer factor es ofrecer la recomendación de la forma adecuada. Al darla con bondad, respetando la dignidad de cada uno, siempre será más fácil aceptarla (Colosenses 4:6).

22. ¿De qué manera queremos usar el don del habla?

22 Sin duda, al dotarnos del habla, Jehová nos ha hecho un regalo valiosísimo. Y como amamos tanto a nuestro Padre, queremos usarlo bien. Nunca olvidemos que las palabras pueden edificar o derrumbar. Por eso, usémoslas siempre como Jehová quiere: “para edificación [del prójimo]”. Así, seremos una verdadera bendición para quienes nos rodean y, además, podremos mantenernos en el amor de Dios.