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Fiestas que desagradan a Dios

Fiestas que desagradan a Dios

“Sigan asegurándose de lo que es acepto al Señor.” (EFESIOS 5:10.)

1. ¿A quiénes atrae Jehová, y por qué tienen que permanecer en guardia espiritualmente?

JESÚS dijo que los verdaderos siervos de Dios “adorarán al Padre con espíritu y con verdad, porque, en realidad, el Padre busca a los de esa clase para que lo adoren” (Juan 4:23). Jehová encuentra a quienes aman la verdad y los atrae al lado de él y de su Hijo (Juan 6:44). Nosotros tenemos el gran honor de ser parte de ese grupo. Pero aún corremos peligro de caer en las trampas de Satanás, el maestro del engaño. Para evitarlo, debemos estar vigilantes y “asegur[arnos] de lo que es acepto al Señor” (Efesios 5:10; Revelación 12:9).

2. Explique cómo ve Jehová que se mezcle la religión verdadera y la falsa.

2 Recordemos lo que ocurrió hace siglos cerca del monte Sinaí. Cuando los israelitas pidieron a Aarón que les fabricara la imagen de un dios, él los complació y les hizo un becerro de oro. No obstante, pretendió que solo era un símbolo del Todopoderoso, pues dijo: “Mañana hay fiesta a Jehová”. Pero ¿cómo se sintió Jehová? ¿Se quedó indiferente al ver esa celebración que mezclaba la religión verdadera y la falsa? Ni mucho menos. De hecho, hizo ejecutar a unas tres mil personas que habían adorado la estatua (Éxodo 32:1-6, 10, 28). ¿Qué nos enseña este relato a quienes deseamos mantenernos en el amor de Dios? La importancia de “no to[car] nada inmundo” y de esforzarnos celosamente por conservar la verdad libre de toda corrupción (Isaías 52:11; Ezequiel 44:23; Gálatas 5:9).

3, 4. ¿Por qué es necesario examinar las costumbres y celebraciones populares a la luz de los principios bíblicos?

 3 Lamentablemente, en tiempos de los primeros cristianos también se produjeron intentos de apostasía, es decir, de desviarse de las enseñanzas verdaderas. Al principio no tuvieron mucho éxito, pues los apóstoles obraban como restricción, o freno, que lo impedía. Pero tras su muerte, los falsos cristianos, que no amaban la verdad, fueron adoptando del paganismo muchas costumbres, celebraciones y días “sagrados” que aun hoy se presentan como si fueran cristianos (2 Tesalonicenses 2:7, 10). En este capítulo veremos algunos ejemplos. Notaremos que no demuestran el espíritu de Dios, sino el del mundo, y que, además, suelen tener algo en común: apelan a los deseos egoístas y promueven las creencias falsas y el espiritismo, características heredadas de “Babilonia la Grande” (Revelación 18:2-4, 23). * No olvidemos que Jehová conoce muy bien las prácticas religiosas repugnantes que dieron origen a muchas costumbres populares, y que, por lo tanto, le parecen tan ofensivas hoy como ayer. Sin duda, es su punto de vista el que más debería interesarnos (2 Juan 6, 7).

4 Los cristianos sabemos que a Jehová no le gustan ciertas fiestas. Por eso, debemos adoptar la firme determinación de no tener nada que ver con ellas. Repasemos por qué le resultan tan desagradables a Dios. Así, al comprender que son un estorbo para mantenernos en su amor, estaremos aún más decididos a evitarlas.

LA NAVIDAD, O EL CULTO AL SOL CON OTRO NOMBRE

5. ¿Por qué estamos seguros de que Jesús no nació un 25 de diciembre?

5 La Biblia nunca menciona que se celebrara el nacimiento de Jesús. De hecho, no sabemos a ciencia cierta cuándo tuvo  lugar. De lo que sí podemos estar seguros es de que no fue el 25 de diciembre. * ¿Por qué? Para empezar, porque en Israel esa fecha cae en el frío invierno, mientras que, como indica Lucas 2:8-11, el día que nació Jesús había “pastores que vivían a campo raso” con sus rebaños. (Es obvio que no se quedaban al aire libre todo el año, pues de ser así no habría tenido sentido destacar este detalle.) Y en invierno suelen caer en Belén frías lluvias e incluso nieve, razón por la que los pastores no se quedaban “a campo raso” cuidando las ovejas, sino que las guardaban a cubierto. Tampoco hay que olvidar el motivo por el que habían ido José y María a Belén: para cumplir con el censo ordenado por Augusto (Lucas 2:1-7). Es muy poco probable que, sabiendo la antipatía que sentían los judíos por Roma, aquel emperador los obligara a viajar a las ciudades de sus antepasados en pleno invierno.

6, 7. a) ¿Dónde se encuentran las raíces de muchas costumbres navideñas? b) ¿Qué diferencia hay entre la generosidad cristiana y los regalos de Navidad?

6 Entonces, ¿dónde se encuentran las raíces de la Navidad? No en la Biblia, sino en antiguas festividades paganas. Una de ellas recibía el nombre de saturnales y estaba dedicada a Saturno, el dios romano de la agricultura. Otra era “el nacimiento del ‘Sol invencible’”, que, según la Enciclopedia de la Religión Católica, tenía lugar el 25 de diciembre, día sagrado para los devotos del dios solar Mitra. Esta obra añade que “la Iglesia comenzó celebrando el nacimiento de [Cristo]” en esa fecha “para hacer concurrencia a esta fiesta pagana consagrada al nacimiento del Sol natural (Mitra)”. Y hay que señalar que esto ocurrió unos trescientos años después de la muerte de Jesús.

El cristiano verdadero hace regalos movido por el amor

7 Durante aquellos festejos, los paganos intercambiaban  regalos y hacían banquetes, prácticas que se han conservado en las Navidades. Pero el espíritu con que se realizan muchos regalos navideños no es el que se indica en 2 Corintios 9:7: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre”. Los cristianos verdaderos damos regalos por amor, sin esperar nada a cambio, y no porque se considere obligatorio hacerlo en una fecha (Lucas 14:12-14; Hechos 20:35). Además, estamos muy contentos de habernos librado de una pesada carga: todas las tensiones y deudas que suelen generarse en esa temporada (Mateo 11:28-30; Juan 8:32).

8. ¿Le llevaron los astrólogos regalos a Jesús el día de su nacimiento? Explique su respuesta.

8 Quizás alguien proteste: “¿Acaso no le hicieron regalos los magos a Jesús para celebrar su nacimiento?”. En realidad, no. Aquellos astrólogos le hicieron obsequios en reconocimiento  de que era un personaje ilustre, según la costumbre de tiempos bíblicos (1 Reyes 10:1, 2, 10, 13; Mateo 2:2, 11). De hecho, no fueron a verlo al pesebre la noche que vino al mundo, sino que lo visitaron en su casa, muchos meses después.

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